Nicholas aparcó el coche en una esquina y quitó las llaves del contacto. Podía verse por los espejos del coche, estaba totalmente cambiado. Sin ojeras, sin barba, con el cabello limpio y bien peinado, con su traje negro de Armani parecía alguien muy importante. Y lo era, o por lo menos, lo había sido. Nicholas sale decidido de su coche deportivo plateado y lo cierra con un leve pitido. Avanza por una fría calle y entra en un callejón sin salida aparente, oscuro que desprendía un olor a podrido que abrumaba y un vagabundo dormía bajo cajas de cartón, tenía hambre, pero quizás a la vuelta, un vagabundo no tendría familia y si la tenía, no debían importarle mucho aquel hombre desgarbado que descansaba en un sueño intranquilo.
Apartó con un dedo un contenedor de basuras y, detrás de él una pequeña puerta daba paso a una estancia. Nicholas tuvo que agacharse para poder pasar por ella y daba a un bar, un bar que solo los seres irreales conocían, del mundo mágico y sobre todo era famoso su dueño, un gnomo con un largo sombrero verde, orejas grandes y puntiagudas de nariz afilada y sin la mitad de la dentadura con un nombre Snurf, un nombre muy común entre los gnomos domésticos pero este era un tanto especial. Había dos tipos de gnomos, los agradables, buenos, simpáticos y cantarines y los traidores, repulsivos, mentirosos y cobardes. Snurf pertenecía al del segundo grupo y permanecía al otro lado de la barra sirviendo bebidas a un grupo de lobos, seguramente mañana los desgraciados se despierten en la otra punta del país por uno de los juegos sucios de la criatura.
El bar era un caos todo estaba descontrolado y el ruido que fuera no se percibía ni para un vampiro dentro era horrible, sin embargo al entrar todo quedó en silencio y tensión con miradas de soslayo.
- ¡Nicholas Carrington! - la pequeña criatura, no tan pequeña como la pintan en los cuentos infantiles, de un metro de alto más o menos, saltó del otro lado de la barra directo al vampiro - ¿qué haces por aquí? años hace que no se sabe nada de ti...
La sonrisa del gnomo era repulsiva y nada sincera, cómo si simplemente quisiera agradarle, pero le sonrío con amargura.
- Asuntos pendientes...- todos los del bar habían vuelto a sus cosas y Nicholas sigue a Snurf a la barra.
- ¿Ron o Whisky?.... no, si no recuerdo mal tomabas Vodka... - dijo mientras rebuscaba en busca de una copa- ¿Que te trae por aquí, vampiro? Apuesto que la muerte de Ronald ha sido cosa tuya - dijo bromeando, pero Nicholas simplemente se quedó mirando la copa en silencio- ¡Y el señor Carrington vuelve a las andadas! - una carcajada agría hizo que se me erizara el cabello de los brazos. - Y a puesto de que no has venido hoy para que disfrute de tu compañía... te suplico que si vas a matar alguien lo hagas fuera.
- Sigo trabajando de cazador, pero no se si voy a matar a alguien aparte de al vagabundo de la puerta, estoy sediento...- mientras decía aquellas palabras sus colmillos se salieron de sus fundas y esbozó una tenebrosa sonrisa. El gnomo, asustado y nervioso tragó saliva.
- Creo que tengo viales de sangre para estos casos en la despensa, en seguida vuelvo...
Pero tan silencioso como un gato le siguió sin que este se diera cuenta y con un corte limpio le cortó el cuello con el cuchillo que llevaba en la manga. La sangre verde oscura del gnomo le impregnó los zapatos y la cabeza de la criatura había rodado hasta el lado posterior de la habitación y en el rostro aún se contemplaba el horror y la sorpresa.
Nicholas esconde el cuerpo lo mejor que puede en una madera suelta que cubría la ventilación del techo y, al salir, le prendió fuego a la sangre, una sangre altamente inflamable y útil en estas situaciones. Simplemente salió a la calle antes de que se dieran cuenta, el vagabundo ya no estaba, y dejó una advertencia de que había vuelto mandando un mensaje a Will y lanzando el móvil estrepitosamente por la puerta haciéndolo añicos, cómo cada vez que mataba a alguien. Volvió como si nada a su Aston Martin y se marchó con las manos sucias y requemadas por la sangre de gnomo tóxica. Aquellas criaturas te hacían la vida imposible incluso después de muertas. El móvil de la guantera empezó a sonar, Lucius. Lo cogió y descolgó en manos libres.
- ¿Otra vez te has cargado el móvil? - preguntó el brujo enojado, no le hizo gracia que le dejara allí hasta que se recuperara.
- Es el protocolo - dijo con una sonrisa - muerto, mensaje, móvil roto... sino no sería Nicholas Carrington el Cazador Tecnológico.
- ¿Desde cuándo tienes ese apodo? es horrible...
- Me lo acaban de decir en el lagarto azul, y es cierto, son un asesino muy moderno si nos ponemos a pensar- su tono de voz era burlón y amable, cómo casi siempre era con Lucius.
- Parece Mentira que nacieras a finales del siglo XIII , pareces un adolescente estúpido de estos tiempos - Nicholas solo pudo sonreír, aunque en una de las manos llevaba la concha que le quitó a su hermana el día en que la mató y en su corazón la culpabilidad que había aprendido a manejar ya no sabía si podría hacerlo.
Apartó con un dedo un contenedor de basuras y, detrás de él una pequeña puerta daba paso a una estancia. Nicholas tuvo que agacharse para poder pasar por ella y daba a un bar, un bar que solo los seres irreales conocían, del mundo mágico y sobre todo era famoso su dueño, un gnomo con un largo sombrero verde, orejas grandes y puntiagudas de nariz afilada y sin la mitad de la dentadura con un nombre Snurf, un nombre muy común entre los gnomos domésticos pero este era un tanto especial. Había dos tipos de gnomos, los agradables, buenos, simpáticos y cantarines y los traidores, repulsivos, mentirosos y cobardes. Snurf pertenecía al del segundo grupo y permanecía al otro lado de la barra sirviendo bebidas a un grupo de lobos, seguramente mañana los desgraciados se despierten en la otra punta del país por uno de los juegos sucios de la criatura.
El bar era un caos todo estaba descontrolado y el ruido que fuera no se percibía ni para un vampiro dentro era horrible, sin embargo al entrar todo quedó en silencio y tensión con miradas de soslayo.
- ¡Nicholas Carrington! - la pequeña criatura, no tan pequeña como la pintan en los cuentos infantiles, de un metro de alto más o menos, saltó del otro lado de la barra directo al vampiro - ¿qué haces por aquí? años hace que no se sabe nada de ti...
La sonrisa del gnomo era repulsiva y nada sincera, cómo si simplemente quisiera agradarle, pero le sonrío con amargura.
- Asuntos pendientes...- todos los del bar habían vuelto a sus cosas y Nicholas sigue a Snurf a la barra.
- ¿Ron o Whisky?.... no, si no recuerdo mal tomabas Vodka... - dijo mientras rebuscaba en busca de una copa- ¿Que te trae por aquí, vampiro? Apuesto que la muerte de Ronald ha sido cosa tuya - dijo bromeando, pero Nicholas simplemente se quedó mirando la copa en silencio- ¡Y el señor Carrington vuelve a las andadas! - una carcajada agría hizo que se me erizara el cabello de los brazos. - Y a puesto de que no has venido hoy para que disfrute de tu compañía... te suplico que si vas a matar alguien lo hagas fuera.
- Sigo trabajando de cazador, pero no se si voy a matar a alguien aparte de al vagabundo de la puerta, estoy sediento...- mientras decía aquellas palabras sus colmillos se salieron de sus fundas y esbozó una tenebrosa sonrisa. El gnomo, asustado y nervioso tragó saliva.
- Creo que tengo viales de sangre para estos casos en la despensa, en seguida vuelvo...
Pero tan silencioso como un gato le siguió sin que este se diera cuenta y con un corte limpio le cortó el cuello con el cuchillo que llevaba en la manga. La sangre verde oscura del gnomo le impregnó los zapatos y la cabeza de la criatura había rodado hasta el lado posterior de la habitación y en el rostro aún se contemplaba el horror y la sorpresa.
Nicholas esconde el cuerpo lo mejor que puede en una madera suelta que cubría la ventilación del techo y, al salir, le prendió fuego a la sangre, una sangre altamente inflamable y útil en estas situaciones. Simplemente salió a la calle antes de que se dieran cuenta, el vagabundo ya no estaba, y dejó una advertencia de que había vuelto mandando un mensaje a Will y lanzando el móvil estrepitosamente por la puerta haciéndolo añicos, cómo cada vez que mataba a alguien. Volvió como si nada a su Aston Martin y se marchó con las manos sucias y requemadas por la sangre de gnomo tóxica. Aquellas criaturas te hacían la vida imposible incluso después de muertas. El móvil de la guantera empezó a sonar, Lucius. Lo cogió y descolgó en manos libres.
- ¿Otra vez te has cargado el móvil? - preguntó el brujo enojado, no le hizo gracia que le dejara allí hasta que se recuperara.
- Es el protocolo - dijo con una sonrisa - muerto, mensaje, móvil roto... sino no sería Nicholas Carrington el Cazador Tecnológico.
- ¿Desde cuándo tienes ese apodo? es horrible...
- Me lo acaban de decir en el lagarto azul, y es cierto, son un asesino muy moderno si nos ponemos a pensar- su tono de voz era burlón y amable, cómo casi siempre era con Lucius.
- Parece Mentira que nacieras a finales del siglo XIII , pareces un adolescente estúpido de estos tiempos - Nicholas solo pudo sonreír, aunque en una de las manos llevaba la concha que le quitó a su hermana el día en que la mató y en su corazón la culpabilidad que había aprendido a manejar ya no sabía si podría hacerlo.
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