lunes, 29 de abril de 2013

#Capítulo 17

Deja el teléfono en el asiento del copiloto sin ni si quiera prestar atención a dónde caía.
- ¡Auch! - dice una voz escamosa desde el asiento en el que acaba de lanzar el móvil - ¡Más cuidado Vampiro inmundo con lo que haces! - Aquella voz no le quiere sonar, es imposible. Snurf. Al verlo Nicholas abre los ojos como platos. Había escuchado hablar de fantasmas, alguna que otra vez había visto alguno, pero todos eran humanos que bajaban al mundo sobrenatural, lo sobrenatural no podía seguir bajando, era ilógico, simplemente morían. El vampiro gira bruscamente y se detiene apartándose de la carretera. El Gnomo le mira con una sonrisa sucia y desdentada y ojos oscuros, le recordaba al color del moho y olía a podrido.
- ¿Tú no deberías estar muerto? - intenta decir con la máxima tranquilidad posible, pero si hubiera tenido pulso, estaría desbocado en esos instantes.
- Eso te ocurre, vampiro traidor, por estar tanto tiempo incomunicado, no te enteras de quien está o no maldito. Tú me has matado, me tendrás que soportar por el resto de tus días - dice el gnomo sonriente ¿Qué le acaba de decir? Estará de broma...
Nicholas coge el móvil a un lado del gnomo con rapidez y marca un número sin dejar de mirar a la criatura que se encuentra ante sus ojos. Tiene que ser una broma. Alguien descuelga el teléfono al tercer pitido con voz cansada. Estaría durmiendo en vez de hacer lo que tiene que hacer.
- ¿Sabes qué hora es? - responde la voz al otro lado del auricular- mañana voy a tener ojeras por tu culpa.
- William... - no sabe exactamente cómo explicarlo... - ¿qué sabes de maldiciones?
- Que más te vale alejarte de ellas y cualquiera que tenga una, hermanito.... ¿No tendrás tú una maldición?
- Más o menos....

2 horas más tarde...

- ¡¿Pero cómo es posible?! - Grita Lucius tumbado en la cama aún curándose de las heridas más grabes. Naomi observa de cerca a Snurf que permanece sentado en el filo de la cama de Nicholas - ¡Naomi ven aquí cuánto más lejos  de esa cosa estés mejor!
La niña sin dejar de mirar al gnomo se acerca a Lucius, siente cierta curiosidad por aquella criatura verdosa. Akemi observa cómo su amor secreto vuelve a explicar la historia sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Se ha quitado la chaqueta del traje y su camisa está arrugada y abierta hasta la mitad dónde se pueden ver aún cicatrices deformes de las quemaduras.
- Así que ahora tengo que aguantar a este engendro por toda la eternidad - concluye Nicholas - es cómo lo que tenemos Lucius y yo,  simplemente él no me puede hacer daño directamente ni yo a él. Y claro, a él no le pueden dañar, es un fantasma, solo me libraré de él cuando me muera. Y todo por seguir con esa estúpida lista. Ahora voy a por el grande.
- ¿Estás loco Nicholas?- exclama Akemi con los ojos como platos, no puede permitir que su amado vaya al suicidio. No es que no sea lo suficientemente fuerte, es que Di Mateo nunca va solo, juega sucio y usa magia negra para conseguir lo que quiere. - No puedes ir tras él.
- ¿Por qué no? - <<porque si te mueres todo mi mundo se desmorona imbécil>> tiene ganas de gritarlo al mundo pero reprime ese sentimiento.
- Porque es un suicidio. - concluye Lucius con el rostro de pocos amigos.
-  Si alguna vez contrató al pequeño Nick para que matase a alguien en vez de él mismo - comenta Will - supongo que será porque sus encantos tiene.
- O que simplemente no quiere ensuciar su nombre - dice Snurf en una voz queda, ronca, se le pone la piel de gallina solo al escuchar su chirriante voz. Nicholas mira a su nuevo compañero de soslayo y desearía tener un hacha entre sus manos.
- Quizá, o solo es un movimiento más para lo que él más desea... - dice, para sorpresa de todos, Naomi, que sigue observando al gnomo - Venganza.

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