miércoles, 25 de julio de 2012

#Capítulo 2

Ante los ojos de Nicholas se alzaba la plaza mayor de Madrid, con un traje de Armani gris claro miraba a su alrededor, hasta encontrar a su presa sentado en el suelo, justo en el centro de la gran plaza estropeando el lujoso traje bajo los copos de nieve que revoloteaban a su alrededor y caían del cielo. Julian tenía un puro en las manos, y lo saboreaba con tanto placer como si el puro le diera algún tipo de satisfacción parecida siquiera a la de la sangre. Julian debió morir siendo ya un anciano, tendría los setenta y cinco años muy bien cumplidos cuando le mordieron, hacía apenas quince años, notenía mucho que aportar, aunque había sido muy conocido en poco tiempo no le había servido para nada bueno. Sus cabellos eran de un blanco papel y sus ojos castaños ensombrecían su rostro y su piel, era de un color oliva idéntico a el de cualquier vampiro, que les daba el aspecto de estar enfermo. Su calva parecía resplandecer como una bola de bolos recién encerada bajo la luz de la luna.
- Señor Carrington, que agradable visita- Nicholas miró a su alrededor procurando de que nadie observara o achezara para atacar, Adams tenía sus enemigos, pero también sus aliados- claro que ¿Por qué está usted en España si no es por asesinar a alguien? y por supuesto, si está aquí a estas horas es porque yo soy el elegido ¿No es cierto?
- Los vampiros son hijos de la noche señor Adams, no es de extrañar que camine a horas tan tardías y, si me lo permite no e venido por encargo señor- Las manos de Nicholas permanecían sujetas a su espalda con una estaca escondida en la manga lo suficientemente bien escondida para que Julian no se diera cuenta- digamos que he venido a saldar viejas cuentas pendientes- el joven caminaba hacia él con el rostro muy serio y decidido- sabes que soy un gran asesinos, aunque lo intentes, no podrás escapar y si lo haces te perseguiré hasta que te encuentre y te mate poco a ppoco, si creías que te iba a matar podrías haber venido directamente a mi, seria mucho más fácil y comodo.
- Entonces vienes a matarme- dijo cuando ya estaba a su lado, y una sonrisa resplandeciente cruzó el rostro del chico, mostrándo sus afilados colmillos.
Un segundo después Julian Adams estaba muerto, degollado, y su cuerpo de repente se secó y se desintegró, dejando cenizas que se iban por el viento sobre la nieve y sus rropas deperdigadas sobre la nieve, sin dueño, algún vagabundo nada más verla sin importarle el olor a quemado que desprendían de ellas. El resto de personas ya se habían ido, abandonando las calles. Introdujo la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta y sacó un teléfono móvil y escribió un mensaje en el que decía <<Hecho>> a Andrew Windsore, acto seguido lanzó el aparato contra un muro, destrozándolo por completo para evitar que lo localizaran. Nicholas Carrington al girarse escuchó un sonido a sus espaldas, justo dónde había dejado a Julian, volvió la cabeza y vio una mujer esbelta y muy alta con una melena rubia ondulada que le caía sobre los ojos, el cabello le cubría uno de sus ojos, cubriendo esa mirada que le hacía temblar y esa sonrisa que a su alrededor dos hoyuelos la adornaban, como si estubieran pintados con tanta elegancia y clase con una gracia natural indescriptible. LLevaba unos pantalones negros aparentemente excesivamente apretados, con unos altos tacones de veinte centímetros que debían de dar vértigo a cualquier otro ser humano, tenía un aspecto muy formal bajo una chaqueta negra y una camisa blanca demasiado escotada.
- Hola hermano- una sonrisa curvó el rostro del chico, él tenía los mismos hoyuelos, pero él solía pensar que a ella les quedaban mucho mejor- que de tiempo...
- Hermana, me sorprende que me haga esta visita, después de tantos años no pense que volveríamos a encontrarnos.
- La eternidad es longeva, algún día tendríamos que encontrarnos, mas e venido porque necesito un favor de mi hermano menor, si es que a éste no le surge ninguna molestia- cuando hablabamos, las pocas veces que lo haciamos nos gustaba dirigirnos ccon el respeto que nuestros padres nos habían inculcado y que ya se había perdido- Necesito que abandones este trabajo y que no vuelvas a caer en la matanza Nicholas- El chico se rió con tal fuerza que devió de despertar a medio Madrid.
- Hermana, sabe cuanto la aprecio pero no es ni la fama ni el dinero lo que busco, no sabes la sensación que matar a personas malvadas me permite, la... adrenalina que me produce no es comparable con matar a un simple ser humano y beber su sangre. No pienso abandonar un trabajo que llevo practicando desde los dieciocho años.
- Nicholas, si no haces lo que te digo, no me va a quedar otra que matarte ¿lo sabes verdad? y creeme no es mi deseo hacerlo- Carrington caminó alrededor de su hermana exáminando cada parte de su cuerpo, comprobando que no llevaba una estaca,  jugo de ajo o polvos de oro. Al igual que la plata quemaba a los lobos, el oro quemaba a los vampiros.
- Sabes con quien estas hablando Wendoline, no creo que seas tan... poco inteligente, Y por supuesto sabras que si me intentas matar acabarás como Julian.
- Me subestimas, como subestimaste a Julian - NIcholas se paró en seco, a su lado, mirándola con una expresión de asombro- ¿Pensabas querido hermano que iba a dejar que lo mataras así? Julian era inteligente y antes de morir se aseguró de dejar todos los cabos sueltos, como asegurarse de tu muerte, claro que si te retiras no te pasará nada, aunque dudo que lo hagas, eres así de estúpido.- de repente sin que Nicholas se diera cuenta un grupo de vampiros lo rodeaban y su hermana estaba a sus espaldas amenazándole con una estaca, amenazándolo con su muerte.

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