Ante los ojos de Nicholas se alzaba la plaza mayor
de Madrid, con un traje de Armani gris claro miraba a su alrededor,
hasta encontrar a su presa sentado en el suelo, justo en el centro de la
gran plaza estropeando el lujoso traje bajo los copos de nieve que
revoloteaban a su alrededor y caían del cielo. Julian tenía un puro en
las manos, y lo saboreaba con tanto placer como si el puro le diera
algún tipo de satisfacción parecida siquiera a la de la sangre. Julian
debió morir siendo ya un anciano, tendría los setenta y cinco años muy
bien cumplidos cuando le mordieron, hacía apenas quince años, notenía
mucho que aportar, aunque había sido muy conocido en poco tiempo no le
había servido para nada bueno. Sus cabellos eran de un blanco papel y
sus ojos castaños ensombrecían su rostro y su piel, era de un color
oliva idéntico a el de cualquier vampiro, que les daba el aspecto de
estar enfermo. Su calva parecía resplandecer como una bola de bolos
recién encerada bajo la luz de la luna.
- Señor Carrington, que agradable visita- Nicholas miró a su
alrededor procurando de que nadie observara o achezara para atacar,
Adams tenía sus enemigos, pero también sus aliados- claro que ¿Por qué
está usted en España si no es por asesinar a alguien? y por supuesto, si
está aquí a estas horas es porque yo soy el elegido ¿No es cierto?
- Los vampiros son hijos de la noche señor Adams, no es de extrañar
que camine a horas tan tardías y, si me lo permite no e venido por
encargo señor- Las manos de Nicholas permanecían sujetas a su espalda
con una estaca escondida en la manga lo suficientemente bien escondida
para que Julian no se diera cuenta- digamos que he venido a saldar
viejas cuentas pendientes- el joven caminaba hacia él con el rostro muy
serio y decidido- sabes que soy un gran asesinos, aunque lo intentes, no
podrás escapar y si lo haces te perseguiré hasta que te encuentre y te
mate poco a ppoco, si creías que te iba a matar podrías haber venido
directamente a mi, seria mucho más fácil y comodo.
- Entonces vienes a matarme- dijo cuando ya estaba a su lado, y una
sonrisa resplandeciente cruzó el rostro del chico, mostrándo sus
afilados colmillos.
Un segundo después Julian Adams estaba muerto, degollado, y su cuerpo
de repente se secó y se desintegró, dejando cenizas que se iban por el
viento sobre la nieve y sus rropas deperdigadas sobre la nieve, sin
dueño, algún vagabundo nada más verla sin importarle el olor a quemado
que desprendían de ellas. El resto de personas ya se habían ido,
abandonando las calles. Introdujo la mano en uno de los bolsillos de su
chaqueta y sacó un teléfono móvil y escribió un mensaje en el que decía
<<Hecho>> a Andrew Windsore, acto seguido lanzó el aparato
contra un muro, destrozándolo por completo para evitar que lo
localizaran. Nicholas Carrington al girarse escuchó un sonido a sus
espaldas, justo dónde había dejado a Julian, volvió la cabeza y vio una
mujer esbelta y muy alta con una melena rubia ondulada que le caía sobre
los ojos, el cabello le cubría uno de sus ojos, cubriendo esa mirada
que le hacía temblar y esa sonrisa que a su alrededor dos hoyuelos la
adornaban, como si estubieran pintados con tanta elegancia y clase con
una gracia natural indescriptible. LLevaba unos pantalones negros
aparentemente excesivamente apretados, con unos altos tacones de veinte
centímetros que debían de dar vértigo a cualquier otro ser humano, tenía
un aspecto muy formal bajo una chaqueta negra y una camisa blanca
demasiado escotada.
- Hola hermano- una sonrisa curvó el rostro del chico, él tenía los
mismos hoyuelos, pero él solía pensar que a ella les quedaban mucho
mejor- que de tiempo...
- Hermana, me sorprende que me haga esta visita, después de tantos años no pense que volveríamos a encontrarnos.
- La eternidad es longeva, algún día tendríamos que encontrarnos, mas
e venido porque necesito un favor de mi hermano menor, si es que a éste
no le surge ninguna molestia- cuando hablabamos, las pocas veces que lo
haciamos nos gustaba dirigirnos ccon el respeto que nuestros padres nos
habían inculcado y que ya se había perdido- Necesito que abandones este
trabajo y que no vuelvas a caer en la matanza Nicholas- El chico se rió
con tal fuerza que devió de despertar a medio Madrid.
- Hermana, sabe cuanto la aprecio pero no es ni la fama ni el dinero
lo que busco, no sabes la sensación que matar a personas malvadas me
permite, la... adrenalina que me produce no es comparable con matar a un
simple ser humano y beber su sangre. No pienso abandonar un trabajo que
llevo practicando desde los dieciocho años.
- Nicholas, si no haces lo que te digo, no me va a quedar otra que
matarte ¿lo sabes verdad? y creeme no es mi deseo hacerlo- Carrington
caminó alrededor de su hermana exáminando cada parte de su cuerpo,
comprobando que no llevaba una estaca, jugo de ajo o polvos de oro. Al
igual que la plata quemaba a los lobos, el oro quemaba a los vampiros.
- Sabes con quien estas hablando Wendoline, no creo que seas tan...
poco inteligente, Y por supuesto sabras que si me intentas matar
acabarás como Julian.
- Me subestimas, como subestimaste a Julian - NIcholas se paró en
seco, a su lado, mirándola con una expresión de asombro- ¿Pensabas
querido hermano que iba a dejar que lo mataras así? Julian era
inteligente y antes de morir se aseguró de dejar todos los cabos
sueltos, como asegurarse de tu muerte, claro que si te retiras no te
pasará nada, aunque dudo que lo hagas, eres así de estúpido.- de repente
sin que Nicholas se diera cuenta un grupo de vampiros lo rodeaban y su
hermana estaba a sus espaldas amenazándole con una estaca, amenazándolo
con su muerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario