miércoles, 25 de julio de 2012

#Capítulo 3

Cada vez había mas ojos acechando a su alrededor y sentía como su hermana le iba hundiendo cada vez mas en su piel la estaca que sostenía fuertemente con su mano derecha. Nicholas se mantubo en silencio y una sonrisa burlona cruzó su rostro, dejó que le atravesara poco a poco mientras la sangre corría por su espalda cuando uno a uno, poco a poco, gritando de dolor fueron callendo al suelo y por último Wendoline calló entre un grito sordo. En unos segundo la herida que había provocado la madera se hubo curado mientras otro hombre salía de las sombras vestido con una camiseta gris y unos pantalones vaqueros. Lucius Rangmore era un hechicero, uno de los mas poderosos que Nicholas conocía y tenía mucha suerte de que fuera su amigo y no al contrario. Tenía aspecto de tener unos cuarenta y dos años, pero en realidad tenía ciento cuarenta y siete años. Los hechiceros no eran inmortales en absoluto, pero a todos se les asignaba un compañero, otra criatura que no fuera un brujo y sus vidas duraban tanto como la de su compañero. Si su compañero llegase a morir él también lo haría sin embargo no había otra forma de matar a un hechicero si no es matándo a su compañero. Lucius tenía el cabello oscuro, la piel de un blanco perlado y unos ojos tan azules como el cielo en una tarde de primavera, su rostro era halagüeño con una honesta sonrisa y unos ojos que mostraban pureza ¿No eran los ojos el espejo del alma? sin duda en Lucius lo era, y más de una vez le había salvado la vida sin que muchos lo supieran, pero en realidad estaba salvando la suya propia.
- Has destrozado este maravilloso traje, que desperdicio...- dijo comprobando el agujero y la sangre derramada por toda la espalda del chico- y si no te importa no ser tan masoquista, los daños que sufres tú los sufro yo Nick- el muchacho miró su espalda y efectivamente, no tenía ningún agujero pero había una gran mancha de sangre por toda la camiseta.
- No me llames Nick Lucius, sabes que no es de mi agrado. Por si no te habías dado cuenta no podía hacer nada, tenía a unos cuantos vampiros deseando mi muerte, y si no te importa tener un poco de tacto, mi hermana caba de morir- NIcholas se agachó y en uno de los bolsillos de la ropa carbonizada de su hermana encontró una concha, parecía de una ostra alilada en miniatura. Recordaba aquella concha, la compró de niño en un mercadillo cerca su casa, nunca habían visto la playa ni él ni su hermana y le había dicho que la habían traido desde las playas de Francia, sin duda la compró y cuando llegó a su casa se la regaló a su hermana por su cumpleaños. Nicholas la guardó en un bolsillo de sus pantalones.
- Nunca me pareció que quisieras mucho a tu hermana... y te seguiré llamando Nick aunque tengas que matarme y los dos sabemos cual es la unica forma de que muera ¿No es cierto?- el joven bajó la mirada, si que le imporaba su hermana, pero él no sentía que su hermana nunca le hubiese querido lo suficiente. Si era cierto que siempre de niños estaban siempre juntos pero él sentía que cuando él le hablaba no le prestaba la suficiente atención que la que él le prestaba a ella.
- Lucius, no tienes ni idea de lo que sentía por mi hermana, quizá toda la humanidad que te quedaba se acaba de ir ahora mismo volando por las calles de Madrid, además no me importa que tenga que hacer pero Nick queda enterrado para siempre en la parte mas oscura de tu corazón- Comenzaron a caminar.
- Tengo una duda, ¿Por qué te molesta?- dijo Lucius mirando a la nada.
- ¿A que te refieres?- dijo Nicholas sabiendo perfectamente a qué se referia.
- A por qué te molesta que te llamen Nick, no lo entiendo, tampoco es un nombre tan horrendo...
- Mi madre me llamaba Nick cuando era un niño, cuando me convertí al poco tiempo me tuve que marchar por la edad y no pude despedirme de ella cuando murió de neumonía.- no le contó la verdadera razón de porqué no quería que le llamaran Nick, simplemente porque aún habiendo pasado 106 años de su muerte no podía hablar de como verdaderamente murió, por eso no quiso hablar.
- Lo siento... Nicholas...- dijo sin dirigir la mirada hacia el chico aún con la mirada perdida en el horizonte.- Pero supongo que a todos nos llega nuestra hora, algunos de una manera y otros de otras. Hay personas que fallecen por una enfermedad, por anciano o simplemente falleces y vuelves a nacer como otra criatura, como tú. Todos acabamos en el otro lado y, tarde o temprano cuando vives eternamente vas a ver morir a todos tus amigos y familiares.
- ¿Cómo se le asigna a un mago una criatura?- preguntó intentando cambiar de tema.
- No se asigna un mago a una criatura.  La questión es que cuando dejas de envejecer sabes que tu criatura ya a nacido y es como cuando te enamoras, cuando ves a esa persona, a tu compañero sabes que lo es. Hay magos que se llevan toda su vida buscando a su compañero y no le es posible protegerle de los peligros como el que nos acabamos de encontrar, normalmente mueren jovenes.- esta vez si miro a Nicholas- yo te encontré un año después de tu conversión y ni siquiera te estaba buscando.
- En la fiesta de mascaras, 1891 en el hogar de los Sres.Nivikóv en Rusia. Intenté alimentarme de ti cuando te conocí- Lucius le había apartado con solo pensarlo y Nicholas nunca había visto un hechicero antes y no recordaba haber estado mas asombrado en toda mi vida <<¿Cree que puede matar a cualquier persona cuando le de la gana?>> le había dicho mientras estaba Nicholas desparramado en el suelo con los ojos como platos.
- Exacto, parecías como si la vida te fuera en beber sangre...- sonrió- deberíamos darnos prisas, pronto va a amanecer y no quiero verte carbonizado. No te has alimentado en dias.- Un vampiro solo podia salir a la luz del sol cuando sangre nueva ocupaba su organismo, aun así cuando andaba por el sol Nicholas se sentía enfermo y sin energía suficiente cuando en la sombra la sangre te reavivaba. Lucius chasqueó los dedos y ya nos encontrábamos en el descansillo de nuestra habitación de hotel <<y con la cena servida>> pensó Nicholas cuando sintió movimiento en en la habitación. Los colmillos salieron de sus fundas en busca de la presa...

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