Cada vez había mas ojos acechando a su alrededor y sentía como su
hermana le iba hundiendo cada vez mas en su piel la estaca que sostenía
fuertemente con su mano derecha. Nicholas se mantubo en silencio y una
sonrisa burlona cruzó su rostro, dejó que le atravesara poco a poco
mientras la sangre corría por su espalda cuando uno a uno, poco a poco,
gritando de dolor fueron callendo al suelo y por último Wendoline calló
entre un grito sordo. En unos segundo la herida que había provocado la
madera se hubo curado mientras otro hombre salía de las sombras vestido
con una camiseta gris y unos pantalones vaqueros. Lucius Rangmore era un
hechicero, uno de los mas poderosos que Nicholas conocía y tenía mucha
suerte de que fuera su amigo y no al contrario. Tenía aspecto de tener
unos cuarenta y dos años, pero en realidad tenía ciento cuarenta y siete
años. Los hechiceros no eran inmortales en absoluto, pero a todos se
les asignaba un compañero, otra criatura que no fuera un brujo y sus
vidas duraban tanto como la de su compañero. Si su compañero llegase a
morir él también lo haría sin embargo no había otra forma de matar a un
hechicero si no es matándo a su compañero. Lucius tenía el cabello
oscuro, la piel de un blanco perlado y unos ojos tan azules como el
cielo en una tarde de primavera, su rostro era halagüeño con una honesta
sonrisa y unos ojos que mostraban pureza ¿No eran los ojos el espejo
del alma? sin duda en Lucius lo era, y más de una vez le había salvado
la vida sin que muchos lo supieran, pero en realidad estaba salvando la
suya propia.
- Has destrozado este maravilloso traje, que desperdicio...- dijo
comprobando el agujero y la sangre derramada por toda la espalda del
chico- y si no te importa no ser tan masoquista, los daños que sufres tú
los sufro yo Nick- el muchacho miró su espalda y efectivamente, no
tenía ningún agujero pero había una gran mancha de sangre por toda la
camiseta.
- No me llames Nick Lucius, sabes que no es de mi agrado. Por si no
te habías dado cuenta no podía hacer nada, tenía a unos cuantos vampiros
deseando mi muerte, y si no te importa tener un poco de tacto, mi
hermana caba de morir- NIcholas se agachó y en uno de los bolsillos de
la ropa carbonizada de su hermana encontró una concha, parecía de una
ostra alilada en miniatura. Recordaba aquella concha, la compró de niño
en un mercadillo cerca su casa, nunca habían visto la playa ni él ni su
hermana y le había dicho que la habían traido desde las playas de
Francia, sin duda la compró y cuando llegó a su casa se la regaló a su
hermana por su cumpleaños. Nicholas la guardó en un bolsillo de sus
pantalones.
- Nunca me pareció que quisieras mucho a tu hermana... y te seguiré
llamando Nick aunque tengas que matarme y los dos sabemos cual es la
unica forma de que muera ¿No es cierto?- el joven bajó la mirada, si que
le imporaba su hermana, pero él no sentía que su hermana nunca le
hubiese querido lo suficiente. Si era cierto que siempre de niños
estaban siempre juntos pero él sentía que cuando él le hablaba no le
prestaba la suficiente atención que la que él le prestaba a ella.
- Lucius, no tienes ni idea de lo que sentía por mi hermana, quizá
toda la humanidad que te quedaba se acaba de ir ahora mismo volando por
las calles de Madrid, además no me importa que tenga que hacer pero Nick
queda enterrado para siempre en la parte mas oscura de tu corazón-
Comenzaron a caminar.
- Tengo una duda, ¿Por qué te molesta?- dijo Lucius mirando a la nada.
- ¿A que te refieres?- dijo Nicholas sabiendo perfectamente a qué se referia.
- A por qué te molesta que te llamen Nick, no lo entiendo, tampoco es un nombre tan horrendo...
- Mi madre me llamaba Nick cuando era un niño, cuando me convertí al
poco tiempo me tuve que marchar por la edad y no pude despedirme de ella
cuando murió de neumonía.- no le contó la verdadera razón de porqué no
quería que le llamaran Nick, simplemente porque aún habiendo pasado 106
años de su muerte no podía hablar de como verdaderamente murió, por eso
no quiso hablar.
- Lo siento... Nicholas...- dijo sin dirigir la mirada hacia el chico
aún con la mirada perdida en el horizonte.- Pero supongo que a todos
nos llega nuestra hora, algunos de una manera y otros de otras. Hay
personas que fallecen por una enfermedad, por anciano o simplemente
falleces y vuelves a nacer como otra criatura, como tú. Todos acabamos
en el otro lado y, tarde o temprano cuando vives eternamente vas a ver
morir a todos tus amigos y familiares.
- ¿Cómo se le asigna a un mago una criatura?- preguntó intentando cambiar de tema.
- No se asigna un mago a una criatura. La questión es que cuando
dejas de envejecer sabes que tu criatura ya a nacido y es como cuando te
enamoras, cuando ves a esa persona, a tu compañero sabes que lo es. Hay
magos que se llevan toda su vida buscando a su compañero y no le es
posible protegerle de los peligros como el que nos acabamos de
encontrar, normalmente mueren jovenes.- esta vez si miro a Nicholas- yo
te encontré un año después de tu conversión y ni siquiera te estaba
buscando.
- En la fiesta de mascaras, 1891 en el hogar de los Sres.Nivikóv en
Rusia. Intenté alimentarme de ti cuando te conocí- Lucius le había
apartado con solo pensarlo y Nicholas nunca había visto un hechicero
antes y no recordaba haber estado mas asombrado en toda mi vida
<<¿Cree que puede matar a cualquier persona cuando le de la
gana?>> le había dicho mientras estaba Nicholas desparramado en el
suelo con los ojos como platos.
- Exacto, parecías como si la vida te fuera en beber sangre...-
sonrió- deberíamos darnos prisas, pronto va a amanecer y no quiero verte
carbonizado. No te has alimentado en dias.- Un vampiro solo podia salir
a la luz del sol cuando sangre nueva ocupaba su organismo, aun así
cuando andaba por el sol Nicholas se sentía enfermo y sin energía
suficiente cuando en la sombra la sangre te reavivaba. Lucius chasqueó
los dedos y ya nos encontrábamos en el descansillo de nuestra habitación
de hotel <<y con la cena servida>> pensó Nicholas cuando
sintió movimiento en en la habitación. Los colmillos salieron de sus
fundas en busca de la presa...
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