miércoles, 25 de julio de 2012

#Capítulo 4

Nicholas caminaba hacia su habitación sin apenas hacer ruido, sus ojos llameaban al dejarse dominar por el olor de la sangre humana y sus labios formaban una sonrisa. Ya podía saborear el sabor de la sangre derramándose sobre sus labios, manchando sus perfectos colmillos, descendiendo por su garganta, calmando la quemazón de su piel. Una de las razones por la que no podían salir al sol los vampiros era porque su piel se delibitaba. La piel se volvía mucho más sensible que la de una persona albina al sol. Cuando comenzabas a tener sed, tenías calor y esa calor iba ascendiendo. Llegaba asta tu cerebro y te daba jaquecas cada vez más insistentes hasta volverte loco, luego descendía a cada extremidad de tu cuerpo y cuando crees que ya no puede ser peor llega a tu corazón entonces suplicas sangre o sino la muerte. Así es como torturaban a los vampiros, quitándoles cada gota de sangre de su cuerpo. Nicholas se acercaba más y más y el olor cada vez se intensificaba haciendo que en la mente de Nicholas danzaran imágenes sangrientas. Un paso más y Nicholas ya estaba en la habitación. Estaba hecha un desastre, la cama sin hacer, las sábanas esparcidas por el suelo, los cajones abiertos, la ropa estaba por todos lados excepto en los cajones... un único armario permanecía cerrado y nada colgaba de él. El sonido de un corazón repiqueteaba rápidamente a través de las puertas del armario. En un segundo Carrington abrió las puertas de par en par , para su sorpresa, entre unas ropas arrugadas había una niña de no más de cinco años llorando entre lágrimas. Sus ojos se abrieron al ver al muchacho  y empezóa llorar más, horrorizda, al ver el rostro hambriento de Nicholas. Su expresión cambió y sus colmillos se enfundaron de nuevo.
- Lucius ven, corre- en poco tiempo Lucius estaba a su lado, contemplando sorprendido a la niña de cabello oscuro y ojos rasgados. Sus mofletes eran prominentes y parecía de origen chino y tenís un flequillo que le caía sobre los ojos- mira que tenemos por aquí....
- ¿De dónde ha salido esta niña? - lo miró incredulo- vale vale, no lo sabes. Ahora mátala, te ha visto en forma de ataque...- la niña se apegaba contra la pared de el armario
- ¿Qué?¿Pero cómo voy a matar a una niña? Está contra mis principios matar a niños y mirala, está muerta de miedo ¿o tu podrías matarla?- se acuclilló a su lado- Me llamo Nicholas Carrington ¿Puedo saber su nombre bella dama?- le agarró una mano, le temblaba con violencia y le basó el dorso.
- Me llamo Naomi Wang... señor...- dijo en tono bajo, pero parecía que ya no estaba tan asustada- Carrington.
- Ante todo belleza... no se equibocaron al ponerte tan bello nombre señorita Wang, dejeme presentarle a un gran amigo, Lucius Rangmore,  tranquila, vamos a hacerte daño, sal de ahí- Nicholas le tendió la mano y la niña le agarró la mano, seguía temblandole la mano pero ya menos. La niña salió de el armario. La niña se quedó muy quieta, tenía las mejillas sonrosadas. Sonreí con ternura.-  Y digame jovencita, que hacía en esta habitación ¿Se ha perdido?- la niña negó con la cabeza.
- No señor Carrington... mi hermana me trajo aqui- se sentó en el borde de la cama prestando atención a cada palabra que desprendía de su boca- Vinimos a la ciudad tras perder a nuestros padres y, decía que era muy importante encontrar unos documentos que eran suyos y  que yo debía encontrarlos y salir de su habitación antes de que me encontrara. Pero no encontré nada.
- No, y te voy a contar por qué- Lucius quiso quejarse pero Nicholas le calló con una mano- pero ahora mismo me vas a decir dónde está tu hermana y como se llama, te prometo que no le haremos ningún daño querida...
- En la calle de Las iglesias Extramuros...- dijo apartándole la mirada al vampiro. La niña iba con un vestido blanco y unos leotardos parecía la niña de las nieves.
- Eso está a mas de veinte minutos en choche Nicholas- dijo Lucius cuando por fin consiguió hablar.
- ¿quién ha dicho de ir en coche?- le tendí una mano a Lucius y otra a Naomi- ¿Preparada?- Naomi miraba su rostro con cautela, apenas le conocía pero confiaba en él y todo gracias a su encanto de vampiro.- cierra los ojos y respira hondo.
La niña obedeció y Lucius miro al chico atónito, no estaba acostumbrado a verle tratando con niños y eso, en una parte de su corazón le fascinaba, que la única debilidad de un ser tan poderoso como Nicholas fuera una niña pequeña. Un segundo después cerró los ojos y penso en aquella calle y lo que hubiera en ella en relación con la niña. Aparecieron los tres en un salón casi sin amueblar, solo son un colchón hinchable, una mesita con un pequeño televisor y cajas de comida a domicilio por todas partes, además de papeles por doquier. Nicholas se acercó a un montón, el que estaba más cercano y había una foto de ropas despojadas sobre arena y cenizas alrededor. Y un móvil hecho trizas al otro lado de la foto. Siempre lo hacía para evitar que le localizasen. Abajo de esa foto había montones de papeles escritos con montones de nombres, muchos le eran conocidos, otros no sabían de su existencia.
- ¡Akemi!- Una muchacha salía de una habitación y corría directa a la niña, Nicholas sin dudarlo un segundo se interpuso entre ambas cortándole el paso a la chica de reencontrarse con su hermana.
- ¿ Dónde crees que vas?- negó con la cabeza- así que me espías, me persigues y después me mandas a tu hermanita a por mas información ¿Y esperas que te debuelva a tu hermana con tanta facilidad? no, ahora vamos a hablar tranquilamente y me vas a contar cada pequeña información que necesite saber.
- Alejate de mi hermana sucio monstruo con traje- Nicholas se percató en aquel instante de que su traje seguía roto.
- Sabes, tengo traje, está algo sucio, pero procuro no ser ningún monstruo...quizá tengas razón, pero para calmar tu preocupación tengo cierta debilidad por tu hermana.- sonrió Nicholas, Lucius permanecía observando junto a la niña, agarrándole por el hombro- ahora portate bien y siéntate. Lucius ya sabes lo que hacer con todos esos papeles- Lucius dejó a la niña y se acercó a los papeles, Nicholas cerró junto a Lucius los ojos un instante, Los papeles volaron por toda la habitación y ardieron en un segundo en el aire carbonizandose antes de llegar al suelo.
- ¡No!- gritó Akemi- ¡¿Pero que has hecho imbécil?!- dijo muy cabreada- han sido años de investigación.
- Que ahora se almacenan en mi mente y en la de Lucius. Y ahora sé todo lo que tu sabes ¿No es así señorita Wang?- la muchacha miró a su hermana- La pequeña Naomi estará bien, y ahora quiero saber porqué querias saber tanto de mi.
- Para saber a quien matabas- Nicholas alzó una ceja- y comprobar que no era a mi a la que intentabas matar...
- Akemi Wang...- dijo Lucius en tono bajo- me suena el nombre... - hubo un largo silencio- ¡Dios ya se porqué me suena! Te acuerdas de que hace algo mas de una decada estubimos en otra misión, en Beijing, tu presa era Katashi Wang y su esposa Sakura Wang, apellido de soltera Kanada... nos envió a por ellos Alexei Di Mateo, no tengo ni idea por qué un hombre italiano querría matar a unos padres de familia, más teniendo en cuenta de que creo estar seguro de que Di Mateo nos encargo para una fecha cercana la muerte de sus hijos... pero claro yo me esperaba tener que vermelas con hombres...
- No seas machista, pero claro, viniendo de siglo diecinueve...- comentó Nicholas, que por dentro, se le rompía el alma tener que derramar sangre de una adolescente y una niña que apenas les había dado tiempo a vivir la vida- de todas formas averiguemos el porqué desea con tanto empeño acabar con la familia Wang...

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